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Mirna Echave Mallea Fotos Juan Carlos Torrejón Algunas mujeres de Coroico tienen el olor del café impregnado en sus manos, polleras y trenzas. Sus casas y sus hijos también parecen llevar este aroma. Sucede que de mayo a agosto decenas de familias coroiqueñas se dedican a cosechar, pelar, secar, tostar, moler y vender el Café con Aroma de Coroico, de la asociación del mismo nombre. La entidad está formada por 25 mujeres. Pese a que en los últimos años hubo un repunte en la producción, el café sigue siendo un cultivo de subsistencia en la zona. La mayoría de las familias que se dedica en Coroico al cultivo de este grano también se dedica a cultivar coca, racacha, plátanos o cítricos, porque necesita encontrar ingresos extra en los meses en que no se cosecha el café. Algunos hombres, incluso, van a las ciudades a trabajar durante esos meses. Hace dos años, en Coroico se vendían entre tres y cuatro kilos al día del producto, ahora la asociación tiene una tienda en la plaza del pueblo y vende hasta 20 kilos diarios, cada uno a 40 bolivianos. También logró uno de los primeros lugares en el concurso La Taza de la Excelencia y el Premio Comercializar el Café en Estados Unidos, que se entrega a aquellos que cuentan con la calidad necesaria para acceder a mercados extranjeros. Pese a los avances, la producción cafetalera aún no logra el despegue de su municipio. Trabajo minucioso La altura de las montañas yungueñas subtropicales, de entre 1.200 y 2.000 metros sobre el nivel del mar, y el calor característico de esta región, de entre 23 y 27 grados centígrados, crean un espacio adecuado para el crecimiento del café. Entre fines de junio y principiso de julio es el inicio de la cosecha de los frutos que darán el Café con Aroma de Coroico, que con el tiempo mejoró mucho su posición en el mercado local. Gracias al clima, las selvas subtropicales de los Yungas se han convertido en la cuna del 95 por ciento del café que se produce en el país. Un proceso minucioso “Los más grandes se recogen”, menciona Susana Portugal mientras sostiene el garabato, un palo con forma de gancho que le ayuda a acercar una de las tantas ramas donde los frutos del café sobresalen como racimos verdes, amarillentos y rojos. Susana es de la población San José, una de las cuatro comunidades que cuentan con integrantes en la asociación. Susana es una de las 25 mujeres que, como cabezas de sus familias, integran la asociación que primero se llamó Rocha y ahora lleva el nombre de su producto: Café con Aroma de Coroico. Los senderos doblan en incontables curvas y los árboles logran cubrir la humilde vivienda de Susana. Una casa desgastada por el tiempo, el trópico y la familia que creció allí. La faena es cansadora, aunque la sombra de los árboles reduce la fuerza del sol y las ayuda a realizar el trabajo. Mientras la mujer termina con un árbol, más allá, Teresa no da tregua a sus manos para recoger los frutos maduros que coloca en una bolsa improvisada que cuelga de su cuello. “Este trabajo es de junio a septiembre, a veces hasta octubre”, cuenta Teresita, como la llaman sus compañeras de trabajo, tal vez por su estatura y su juventud, aunque más parece por la timidez que demuestra. Ella es de la población Munaypata y una de las 25 socias de la asociación, que exige como requisito para formar parte de ella —según contaron las mujeres— poseer al menos una hectárea y media de propiedad para la producción. Si bien entre mayo y agosto las familias están dedicadas a la cosecha, molienda y producción del café, en los otros meses también la actividad cafetalera está vigente, cuenta Irma Montaño, quien dice que la “poda, el raleo de siembras, la limpieza de cafetales” la mantienen también ocupada. Candelaria Montaño, de Incapampa, explica que cada familia de cada socia trabaja íntegramente con el producto, aunque señala, tímidamente, que no sabe cómo viven aquellos quienes no tienen la cantidad de tierra que poseen sus socias. Procedimiento Después de recoger el fruto maduro hay que extraer el grano, es decir, hay que pelar el café. Para ello algunas familias lograron adquirir una máquina peladora hecha básicamente de madera y que funciona con un rodillo dentado, al que se hace girar pedaleando. Este elemento agiliza el proceso y a través de él se obtiene el grano listo para ser seleccionado. Luego el producto es puesto al sol para reducir su humedad. En las dependencias de Cáritas, la organización de estas mujeres logró un ambiente donde se dispone de una tostadora, moledora, balanza y selladora para terminar el proceso de empaquetado del Café con Aroma de Coroico. A este lugar llega todo el grano de café ya seco. En la producción tradicional, que aún se realiza en muchos hogares, se tuesta el café en ollas de barro calentadas en fogones. Las mujeres revuelven una y otra vez los granos hasta que éstos adquieren su característico color café oscuro. El tostado dura poco más de una hora, el mismo tiempo que utiliza la máquina tostadora; sin embargo, a diferencia del procedimiento artesanal, en el aparato se logra un punto preciso de cocción, con una temperatura moderada y controlable. La tostadora se asemeja a una bola enorme de metal que gira dentro de un horno vertical. Después de que se lo ha tostado, el grano es molido en un aparato pequeño, del tamaño de una zumidora de zanahorias. De ahí, sólo queda pesar y envasar el producto. En crecimiento Las 25 mujeres y sus familias que trabajan en la asociación son apoyadas por Cáritas de Coroico y la organización no gubernamental Ayuda en Acción desde hace diez años. Los frutos del trabajo saltan a la vista, con un producto bien elaborado y en crecimiento, además de la participación plena de las mujeres como un elemento fundamental para el desarrollo de la región. De 2.000 kilogramos de café cereza, es decir, el café cosechado con cáscara, se lograrán 400 kilos de grano listo para tostar y moler, lo que significará aproximadamente un ingreso de 460 dólares. Ésa es la producción y ganancia promedio de una familia que tiene un cato, o sea, la sexta parte de una hectárea de terrenos dedicados a esta plantación. El aroma del café coroiqueño aún no vuela tan alto como el de Caranavi, que tiene mercado en el extranjero, pero cada familia cuida de este café bajo normas internacionales para que sea considerado como orgánico, es decir, sin pesticidas, en sombra y con control de poda. Cooperación Ayuda en Acción es una organización que invierte en el progreso de los Yungas. Trabaja en proyectos de desarrollo integral y actividades de sensibilización. Tiene programas que apoyan la producción de café en Coroico. En la región también invierte en actividades de grupos de jóvenes. Están la Juventud Nueva Esperanza y los jóvenes de la Saya Afroboliviana. Asimismo, colabora en el proceso de alfabetización de adultos en zonas rurales. En salud, apoya a sitios donde existen altos índices en ciertas enfermedades. En Caranavi, trabaja con enfermos de tuberculosis y leishmaniasis.
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