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I. INTRODUCCION
La violencia constituye uno de los problemas más
complejos del ámbito de la salud pública, su presencia representa
una seria amenaza tanto para la salud individual como colectiva.
Las muertes y traumatismos ocurridos por causas violentas
vienen aumentando según la OPS/OMS, de manera alarmante en la Región
de las Américas.
La violencia por el número de víctimas
y las secuelas que produce, ha adquirido un carácter endémico
siendo responsable de una proporción creciente de mortalidad general
y de porcentajes significativos de años de vida potenciales perdidos.
Los traumatismos causados por violencia que no resultan
en muerte ocasionan daños físicos y transtornos psicológicos
que limitan la funcionalidad personal y social.
La morbilidad relacionada con la violencia, además
congestiona los servicios de salud, aumenta los costos globales de atención
y puede afectar la calidad y cobertura. Al elevar sustancialmente la demanda
de servicios, obliga a asignar recursos adicionales o a utilizar parte
de los asignados a la prevención y atención básica;
a la nueva demanda inducida por hechos violentos.
En términos generales, el sector salud constituye
el receptáculo de todos los corolarios de la violencia por la presión
que ejercen sus víctimas sobre servicios de emergencias, medicina
general, atención especializada, rehabilitación física/psicológica
y asistencia social.
La violencia es un fenómeno histórico y
afecta a toda la población, sin embargo en condiciones de pobreza
y desventaja social, algunos sectores resultan especialmente amenazados.
Explicar las causas de la violencia solo por características
individuales de origen biológico o psicológico reduce su
esencia y desdibuja el proceso interactivo entre los individuos y entre
estos y sus ambientes sociales concretos.
Las causas de la violencia son complejas pero predominantemente
producto de una organización social estructurada basada en la desigualdad
y es ejercida por los que se sienten con más derecho a intimidar
y controlar.
Al interior de la familia, las desigualdades producidas
en razón de género y la edad son las principales determinantes
de las relaciones violentas que allí se construyen.
En relación a la magnitud y frecuencia de este
mal social se sabe que en Bolivia entre el 70 y más del 80% de
las denuncias en instituciones policiales y afines por hechos de violencia,
corresponden a formas de violencia intrafamiliar. Donde además
entre el 88 y 95% de los casos es la mujer la víctima principal
(Revollo y Quiroga 1995).
La complejidad de este problema en sus distintas manifestaciones
requiere de enfoques multifacéticos para enfrentarlo. Estos enfoques
deben ir desde lo general hasta aquellas acciones más puntuales
y específicas, desde acciones que le corresponde asumir al Estado
y a la sociedad hasta aquellas que involucran a las comunidades,
las familias y sus componentes.
Desde que en 1993 la OPS/OMS define a la violencia como
un problema de salud pública, se abren nuevos espacios para luchar
contra este flagelo. En este sentido, los métodos de salud pública
deben contribuir a la prevención antes que al tratamiento, favoreciendo
un enfoque multidisciplinario en su análisis y estimulando el uso
de los métodos que le han sido tradicionales como el epidemiológico.
El enfoque epidemiológico, mediante sus etapas
de: 1) definición del problema, recolección de información,
2) identificación de causas y factores de riesgo, 3) desarrollo
de intervenciones y prueba de las mismas, y 4) análisis y evaluación
de la efectividad de las acciones llevadas a cabo en forma progresiva
y simultánea; podrá conducir a intervenciones de desarrollo
social y la promoción de valores positivos y patrones saludables
de comportamiento dentro del marco de equidad que plantea la política
nacional de salud.
Conviene hacer notar el hecho de que, a pesar de la evidencia
sobre la existencia de este mal social desde épocas remotas, los
esfuerzos iniciales para controlarlo y prevenirlo en forma masiva solo
es reciente (1997 año en que se incorpora en el formulario de vigilancia
epidemiológica -IMVE- del Sistema Nacional de Información
en Salud -SNIS- discriminando por grupo etareo y por sexo, la variable
violencia intrafamiliar).
Por las razones expuestas anteriormente, se requiere
que el país valore suficientemente la amenaza permanente que la
violencia Doméstica/Intrafamiliar representa para el desarrollo
de nuestra sociedad.
En este sentido, el presente estudio representa una contribución
necesaria debido al vacio de información referente a la prevalencia
y características del problema.
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