SITUACIÓN GENERAL Y TENDENCIAS
Contexto socioeconómico, político y demográfico

Bolivia tiene un territorio de 1.098.581 km2; 25% de la superficie corresponde a la zona del Altiplano y la Cordillera de los Andes, 15% a los valles interandinos y 60% a los llanos. El 45% de la población nacional vive en el Altiplano, 30% en los valles y 25% en los llanos. La organización social, el acceso a bienes y servicios y el perfil de la morbilidad y la mortalidad son distintos en estas tres regiones. El país se divide en nueve departamentos, pero la autonomía regional es incipiente.

En 1995 la tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) fue de 3,7%, el déficit fiscal se redujo en 2% del PIB y la emisión monetaria disminuyó de 36,7% a 20,8% en un año. Sin embargo, la inflación anual aumentó de 8,5% a 12,6%, debido sobre todo al incremento del precio internacional de los productos básicos importados y al desabastecimiento local causado por una intensa sequía que perjudicó la producción agrícola de ese año. Ambos factores alteraron la cuenta corriente, al crecer más las importaciones (19,9%) que las exportaciones (5,7%). El peso de la reforma y el ajuste estructural afectaron en particular a los sectores más empobrecidos, incrementándose la población en condiciones de pobreza y marginalidad social; asimismo, disminuyeron los sectores campesino y minero, a la vez que creció el sector informal de la economía.

Según el Censo Nacional de Población y Vivienda de 1992, Bolivia tenía 6.420.792 habitantes y la población estimada para 1995 era de 7.413.834 habitantes. En el período intercensal 1976–1992, la tasa de crecimiento anual medio de la población fue de 2,11% (2,05% en 1950–1976). El mayor crecimiento poblacional se registró en Santa Cruz (4,16%), Beni (3,16%) y Tarija (2,82%). Potosí ha perdido población a un ritmo de 0,12% anual y se han poblado preferentemente los departamentos del centro y oriente del país, a expensas de las regiones del Altiplano. La densidad poblacional era de 5,84 habitantes por km2, con una amplitud de 0,6 (Pando) a 19,9 (Cochabamba). La esperanza de vida al nacer en 1992 era de 61 años para las mujeres y 58 para los varones. Tres zonas metropolitanas (La Paz, Santa Cruz y Cochabamba) albergaban a 36,2% de la población nacional y otras 112 ciudades a 21,3%; en consecuencia, en 1992 la población urbana (localidades con más de 2.000 habitantes) alcanzaba a 57,5% de la población total. Los menores de 15 años representaban 42% de la población y los mayores de 64, aproximadamente 4%. En la zona urbana estas cifras fueron de 39% y 4%, y en la rural de 44% y 6% respectivamente. La población femenina correspondió a 50,6% del total. La tasa global de fecundidad fue de 5 hijos por mujer, lo que representa un descenso de más de 1 hijo en el último decenio; la tasa varió entre 4,2 hijos por mujer en la zona urbana y 6,3 en la rural. La población indígena, estimada en más de 3,6 millones, comprende 35 grupos étnicos, con fuerte presencia quechua y aymará, especialmente en las ciudades de Potosí, Oruro, Sucre, El Alto, La Paz y Cochabamba.

En 1992, 70% de 1.322.512 hogares bolivianos fueron considerados pobres (51% de los urbanos y 94% de los rurales) y no tenían acceso adecuado a los servicios básicos de educación, salud y vivienda; 37% se encontraban en una situación de pobreza extrema (32% en condiciones de indigencia y 5% de marginalidad), 13% estaban en el umbral de la línea de pobreza, con un mínimo nivel de satisfacción de sus necesidades básicas, y solo 17% podían satisfacer sus necesidades básicas. En el ámbito departamental, la proporción de hogares pobres osciló de 58% en Santa Cruz a 81% en Pando. La población indígena monolingüe y los hogares encabezados por trabajadores del sector informal presentaban los niveles más acentuados de pobreza. Más de 70% de los hogares pobres tenían como jefe de familia a una persona que no había terminado la escuela primaria. Cerca de 70% de los niños menores de 9 años vivían en hogares extremadamente pobres y no asistían a la escuela. Estimaciones sobre los factores determinantes de la pobreza indican que los indígenas tienen alrededor de 40% más de probabilidades de ser pobres; cada hijo adicional aumenta esta probabilidad en 6,5%; un jefe de hogar desempleado la incrementa en 14% y cada año adicional de escolaridad la reduce. 

Según el censo de 1992, 19,8% de la población de 15 años y más era analfabeta (11,8% de los varones y 27,7% de las mujeres), lo que representa una disminución de 50% respecto del censo de 1976. En la zona rural, más de un tercio de la población (23% de los varones y 50% de las mujeres) era analfabeta. La tasa de asistencia escolar general (6 a 19 años) era de 74,3% (76,5% para los varones y 72,1% para las mujeres); en el primer tramo (6 a 14 años) alcanzó a 83,9%. Paulatinamente, la mujer participa cada vez más en la vida política y económica del país. En la asamblea legislativa del período 1993–1997, la representación femenina era de 3,7% en la Cámara de Senadores y 7,7% en la Cámara de Diputados. Solo 31,6% de los graduados universitarios eran mujeres; además, estas ganaban por término medio 30% menos que los hombres de similar nivel. La participación femenina en la actividad económica llegó a 39,9%. De cada 5 propietarios de tierra rural, solo uno es mujer.

Morbilidad y mortalidad

En 1993, las 10 primeras causas de morbilidad general fueron las enfermedades del aparato respiratorio (22%), las enfermedades infecciosas intestinales (16%), las enfermedades infecciosas y parasitarias y los efectos tardíos de las enfermedades parasitarias (3%), las enfermedades del sistema osteomuscular y del tejido conjuntivo (1,6%), las enfermedades de la piel y del tejido celular subcutáneo (1,4%), las enfermedades de los órganos genitales femeninos (1,4%), las enfermedades de la cavidad bucal (1,2%), la tuberculosis (0,7%), las causas obstétricas directas (0,4%) y las fracturas (0,2%). Apenas 20% de las defunciones son certificadas por un profesional de la salud.

En 1993, las principales causas de mortalidad hospitalaria fueron las enfermedades del aparato circulatorio (27%), las enfermedades del aparato digestivo (14%), las enfermedades del aparato respiratorio (7%), la enfermedad cerebrovascular (4%), las enfermedades del aparato urinario (3,5%), ciertas afecciones originadas en el período perinatal (3%), los traumatismos (2,5%), los tumores malignos (1,5%), la tuberculosis (0,6%) y las enfermedades de las glándulas endocrinas del metabolismo y trastornos de la inmunidad (0,6%).

Según el censo de 1976, la tasa de mortalidad infantil era de 151 por 1.000 nacidos vivos, valor que, de acuerdo con el censo de 1992, se redujo a 75 por 1.000 nacidos vivos. La Encuesta Nacional de Demografía y Salud de 1994 (ENDSA 94) confirmó esta tendencia. Sin embargo, la mortalidad infantil en la zona rural (94 por 1.000 nacidos vivos) era aproximadamente 40% mayor que la de la zona urbana (58 por 1.000 nacidos vivos). Las diarreas y las infecciones respiratorias agudas ocuparon los primeros dos lugares como causas de mortalidad infantil. El análisis diferencial de la mortalidad infantil pone de manifiesto las diferencias entre los departamentos ricos y los pobres; los primeros corresponden al llamado eje central (La Paz-Cochabamba-Santa Cruz) y en ellos se concentran los asentamientos poblacionales y la actividad económica. En este grupo se incluyen Tarija y Chuquisaca, esta última con una situación más precaria. Quedan al margen los departamentos mineros de Oruro y Potosí y los amazónicos de Beni y Pando. En el período 1976–1992 las diferencias en cuanto a la mortalidad infantil en estos dos grupos se acentuaron.

 


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